El bolo palma sigue vivo en Vizcaya gracias al esfuerzo y la pasión de sus aficionados

  • La bolera de San Ignacio reunió a medio centenar de personas con motivo del Campeonato de Euskadi 2026, una cita que pone de manifiesto el compromiso de quienes mantienen viva la tradición bolística cántabra lejos de su tierra.

El bolo palma continúa encontrando en Vizcaya a personas dispuestas a dedicar tiempo, esfuerzo e ilusión para que esta modalidad deportiva, tan arraigada en Cantabria, siga teniendo su espacio y sus seguidores. Una muestra de ello fue el Campeonato de Euskadi 2026, celebrado días atrás en la bolera de San Ignacio, donde alrededor de medio centenar de aficionados se dieron cita para disfrutar de una jornada de competición y convivencia.

Más allá de los resultados, encuentros como éste permiten reconocer el trabajo de quienes hacen posible que los bolos sigan rodando en tierras vizcaínas. Mantener viva una tradición fuera de su lugar de origen requiere constancia, compromiso y una afición capaz de reunirse, organizar competiciones y preservar una modalidad que forma parte de la identidad cultural cántabra.

El campeonato reunió a jugadores de distintas categorías, cada uno compitiendo con sus correspondientes tiros, en una jornada que volvió a demostrar que la pasión por el bolo palma no entiende de fronteras y que sigue contando con seguidores dispuestos a mantener encendida la llama de este deporte.

En el apartado deportivo, Antón Amilibia logró el mejor registro con un total de 246 bolos (118 y 128). La segunda posición fue para Iker Cossio, con 235 bolos (117 y 118), mientras que Carlos Torre completó el podio con 226 (124 y 102).

Enrique Cossio ocupaba la cuarta posición con 116 bolos, impidiéndole una lesión continuar. Javi Fernández y Luis Aja finalizaron con 102 bolos cada uno, mientras que Jon Serna y Yago Quintela también tomaron parte en la competición.

La jornada de San Ignacio dejó así una nueva muestra del arraigo que conserva el bolo palma en Vizcaya. Un mérito que corresponde tanto a los jugadores como a todas las personas que, con su dedicación y trabajo, contribuyen a que esta tradición continúe adelante.

Porque detrás de cada campeonato hay mucho más que una clasificación: hay horas de esfuerzo, encuentros entre aficionados y una voluntad compartida de conservar un deporte que forma parte de la historia y las raíces de Cantabria.

Compartir