El cántabro Kevin Suárez anuncia que al finalizar la temporada de ciclocross ‘colgará’ la bicicleta

Días pasados, como publica www.elpeloton.net, Kevin Suárez anunció que al terminar esta temporada de ciclocross cerrará una etapa. El cántabro lo contó sin aspavientos, como ha corrido siempre: con naturalidad, gratitud y un punto de pudor. Lo deja quien, durante más de una década, ha sostenido buena parte del invierno español y ha sido presencia constante en el norte europeo, de Loenhout a Hulst, con tantas salidas en primera fila como tragos de barro.

Homenajear a Kevin exige volver al origen. Los Corrales de Buelna, Cantabria. La saga Suárez, una familia que ha dado campeones, con el tío Isaac abriendo camino y el sobrino Kevin recogiendo el hilo con una madurez precoz. En enero de 2012 se proclamó campeón de España junior; en 2014-15, ya sub-23, volvió a vestirse de rojigualda. Desde ahí, la línea ya no se interrumpió: seis platas élite y un bronce en los Nacionales, y dos Copas de España -2022-23 y 2024-25- que hablan de regularidad, cabeza y oficio. Lo de Tarancón fue casi un epílogo simbólico: plata élite tras Orts, otra vez, quizá la última en un Nacional, cerrando el círculo con la misma constancia con la que lo abrió. La foto del podio volvía a contar su historia sin palabras.

A veces, para entender un adiós basta con leerlo. Kevin lo explicó así, en sus redes: «Ha llegado el momento de cerrar esta etapa. Al terminar esta temporada de ciclocross pondré fin a muchos años llenos de entrenamientos, viajes y carreras. Me siento realmente afortunado de haber podido disfrutar de mi pasión durante tanto tiempo, de competir en las mejores carreras y, posiblemente, con una de las mejores generaciones que ha tenido este deporte. Solo puedo estar eternamente agradecido a toda la gente que lo ha hecho posible y que ha estado a mi lado durante estos años ❤️ Por supuesto que no me despido del ciclismo; ha sido parte de mi vida y lo seguirá siendo siempre, pero a partir de ahora fuera de los circuitos. Aún quedan algunas carreras en el calendario, las cuales afrontaré con las mismas ganas y motivación que hasta ahora. Gracias a todos los que habéis formado parte de este camino».

No hay grieta en ese párrafo: amor por el oficio, gratitud y la promesa de seguir cerca, aunque ya no con dorsal. Su despedida llega en temporada, con el Mundial llamando a la puerta y Benidorm (el pasado domingo) asomando en el horizonte, escenario donde tantas veces se ha ganado la ovación del público que entiende.

La carrera: constancia, barro y oficio

Su trayectoria se entiende mejor por acumulación que por destellos sueltos. Kevin ha sido corredor de calendario entero: España, Copa del Mundo cuando tocaba, y esa gira imprescindible por Bélgica y el norte de Francia que distingue a los que realmente quieren medirse. Del laboratorio de barro que han sido sus equipos de referencia a una identidad muy nítida: colocación quirúrgica en la primera vuelta, manejo del off-camber como si fueran pasillos conocidos, lectura de la arena sin atascarse y obstinación en la remontada cuando la salida no acompaña. En él, la técnica no fue un adorno, sino una manera de ser.

La historia doméstica del ciclocross reciente no se entiende sin su nombre. Su palmarés lo cuenta con sobriedad: campeón de España júnior (2011-12) y sub-23 (2014-15), seis platas élite y un bronce en los Nacionales, y dos generales de la Copa de España (2022-23 y 2024-25) que le consagraron como metrónomo del invierno. En los clásicos de la cornisa cantábrica y el eje vasco -Karrantza, Llodio, Gijón, Pontevedra- dejó su firma muchos domingos, a veces con triunfos, otras con podios ganados a fuerza de insistencia.

Con la selección, su presencia en Europeos y Mundiales fue intermitente pero sostenida, parte de una generación que elevó el listón internacional y normalizó ver a los nuestros en la primera mitad de carrera. Kevin se midió menos por top-10 de relumbrón que por ocupar su sitio cada fin de semana y regresar con la maleta llena de barro y experiencia, multiplicando el nivel de casa.

El Pelotón Kevin Suárez, barro adentro

El adversario que dignifica

Toda época necesita un espejo. En la suya, Kevin lo encontró muy cerca, en los circuitos y en los inviernos compartidos. La rivalidad -la de los domingos del invierno, la de los tablones y las escaleras- le exigió ser mejor cada año. Las seis platas élite y el bronce no son resignación, sino el registro de una tenacidad rara: aceptar que enfrente hay un corredor formidable y, en lugar de rendirse a la evidencia, salir cada semana a discutirla. Esa obstinación, que a veces se confunde con discreción, también explica su respeto en el pelotón.

Más allá del circuito

Su ciclismo fue también un puente. La carretera le sirvió para afinar motor; el gravel, para explorar otra forma de resistencia. Pero el hogar siempre estuvo en invierno: en los tableros, en las escaleras, en el barro. De septiembre a febrero fue un profesional de la constancia, y eso, tan poco fotogénico, tiene un valor incalculable en un deporte que vive de la repetición, del detalle y del lunes de viaje.

Lo que queda

Quedan, como escribe él, “algunas carreras en el calendario”. Queda tal vez el último arco inflable, la última vuelta con el corazón en la boca, la última entrada al box con la bici a cuestas. Queda, sobre todo, una estela: la de un corredor que profesionalizó la regularidad, que sostuvo el invierno español cuando todavía no era cool hablar de ciclocross, y que se despidió sin ruido, fiel a su carácter.

Cuando en unos años repasemos los inviernos de esta década, regresará una imagen: un corredor de mirada tímida y terquedad buena, cruzando la meta con el maillot manchado hasta las orejas. Barro adentro, hasta el final.

Información: Jona/elpeloton.net

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