- La selección española, que mereció mucho más, cae en la final del Mundial ante Alemania por la mínima (0-1)
España lo mereció, durante la Copa del Mundo y también en la final, pero un gol le privó de conquistar el primer Mundial de su historia. Los RedSticks cayeron por 0-1 ante Alemania en una final en la que llevaron el peso del juego, dominaron durante casi todo el encuentro y generaron las mejores ocasiones de gol. Especialmente en una segunda parte en la que el conjunto germano apenas consiguió aproximarse dos veces al área española. Sin embargo, una acción aislada culminada por Michel Struthoff terminó decidiendo el título. El deporte a veces no es justo y en esta ocasión no lo fue. En las filas de España, dos cántabros, Álex Alonso y Nico Álvarez, además de Borja Movellán como segundo entrenador.
Duele más si cabe porque España hizo méritos para mucho más. Porque ganó a Alemania en la segunda fase del torneo, porque pasó a semifinales eliminando a Bélgica en su campo, porque se clasificó para la final tras un épico encuentro contra Países Bajos su campo y porque jugó sin complejos ante la vigente campeona del mundo. Controló el partido y buscó la victoria hasta el último segundo, pero el oro se escapó y los RedSticks regresan con una plata histórica, la tercera de nuestro hockey después de las conseguidas en Barcelona 1971 y Utrecht 1998. Veintiocho años después, España vuelve a subir al segundo escalón del podio mundial.

El encuentro comenzó con un penalti córner provocado por Hugo von Montgelas. Fue la primera oportunidad para que Luis Calzado demostrara el extraordinario estado de forma que ha mantenido durante todo el campeonato y que le ha valido para ser galardonado como mejor portero del campeonato.
La réplica de los de Max Caldas llegó en el minuto 7. Marc Reyné avanzó por la banda izquierda, superó a su defensor y provocó el primer penalti córner para España. Marc Miralles asumió el lanzamiento, pero la defensa alemana salió con rapidez y evitó que la bola alcanzara la portería. Alemania respondió a la contra con un disparo de Hannes Müller que Justus Weigand pinchó fuera de los tres palos. El primer cuarto terminó sin goles.
España fue creciendo con el paso de los minutos. Los RedSticks controlaban el partido, aumentaban el ritmo y encontraban espacios para atacar la defensa zonal planteada por Alemania. En el minuto 17, Iñaki Zaldua ganó la línea de fondo y buscó un remate en el centro del área, aunque ninguno de sus compañeros consiguió llegar a la bola.

La oportunidad más clara de la primera parte nació de una recuperación de Borja Lacalle en el minuto 22. La bola llegó a Xavi Gispert, que se la devolvió al delantero español para dejarlo delante de la portería. Lacalle buscó el gol, pero Jean-Paul Danneberg, mejor jugador de la final sacó una mano milagrosa para evitar el 1-0.
España seguía dominando mientras Alemania se limitaba a defender y buscar algún ataque directo. En una de esas transiciones, Teo Hinrichs avanzó con peligro, pero Marc Vizcaíno se estiró para tocar la bola e impedir el remate. El descanso llegó con empate a cero y con la sensación de que los RedSticks habían sido mejores.
La segunda mitad comenzó con otra llegada española. Pepe Cunill se internó en el área y envió una bola que cruzó toda la zona de peligro. Chefo Basterra estuvo muy cerca de controlarla delante de Danneberg, pero se le escapó cuando ya preparaba el remate.
En el minuto 38, Pol Cabré provocó un nuevo penalti córner por un pie de la defensa alemana. Marc Miralles volvió a ejecutar el lanzamiento y su disparo se marchó rozando el poste izquierdo. España insistía, acumulaba llegadas y obligaba a Alemania a defender cada vez más cerca de su portería.
Sin embargo, cuando faltaba poco más de un minuto para terminar el tercer cuarto, llegó el golpe más cruel. Paul-Phillipp Kaufmann veía como Michel Struthfoff ganaba la línea de fondo. Kaufmann le asistía y el germano sorteaba la salida de Luis Calzado y anotaba el primer y, a la postre, único gol de la final. Una acción aislada castigaba el dominio español.
Los RedSticks reaccionaron inmediatamente. Borja Lacalle entró en el área con bola controlada y provocó un nuevo PC a favor. El primer lanzamiento golpeó en el pie de Teo Hinrichs, que tuvo que abandonar el campo lesionado. En el repenalti, el disparo de Pau Cunill se marchó desviado.
Luis Calzado volvió a aparecer nada más comenzar el último cuarto, con una gran intervención ante una de las escasas aproximaciones alemanas de toda la segunda parte. A partir de ahí, España volvió a asumir el control y buscó el empate con insistencia.
Una rápida combinación al primer toque llevó nuevamente la bola hasta el área, aunque Marc Miralles estuvo bien defendido y no pudo controlar. Bruno Font también lo intentó en el minuto 50, pero su disparo dio en el lateral de la portería. Poco premio estaba recibiendo España para tanto dominio, tantas llegadas y tanto esfuerzo.
Cuando faltaban cuatro minutos, Max Caldas sustituyó a Luis Calzado para jugar con un hombre más de campo. España se lanzó definitivamente a por el empate, encerró a Alemania y peleó cada posesión hasta el último segundo. Esta vez, sin embargo, la remontada no llegó.
El 0-1 dejó a los RedSticks sin el ansiado oro, pero no puede borrar un Mundial extraordinario. España ha vuelto a desafiar al orden establecido, ha eliminado a Bélgica y Países Bajos y ha jugado de igual a igual -y durante muchos minutos mejor- que la gran potencia alemana.
Ahora duele porque el oro estuvo muy cerca. Pero, con el paso del tiempo, esta plata ocupará el lugar que merece. El de una generación que ha devuelto a España a una final mundial 28 años después y que ha demostrado que está preparada para competir por todo. Bronce europeo y plata mundial. No es la medalla que soñábamos. Pero es una plata que tiene sabor a leyenda.
