Un birle solidario que hizo de la bolera un lugar para la esperanza

La lluvia quiso cambiar los planes, pero no consiguió frenar la solidaridad. La bolera Ramón Collado de Sierrapando se convirtió en escenario de una jornada muy especial organizada por la Peña San José Rocacero, a cuya llamada acudieron 227 personas, entre ellas el delegado del Gobierno en Cantabria, Pedro Casares, en un birle solidario a beneficio de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC).

La iniciativa volvió a demostrar que la bolera es mucho más que un lugar de encuentro para disfrutar de los bolos. También puede ser un espacio para compartir, ayudar y arrimar el hombro por una buena causa. Y así, entre birles, conversaciones y momentos de convivencia, decenas de personas quisieron aportar su granito de arena a una lucha que toca de cerca a tantas familias.

El tiempo obligó a modificar parte de los planes previstos, pero la respuesta de los participantes estuvo a la altura de la ocasión. La lluvia pudo alterar el desarrollo de la jornada, pero no el espíritu con el que había sido convocada.

Entre los participantes hubo, además, alguien cuya presencia convirtió el encuentro en todavía más especial. Pablo García, con 101 años, quiso estar. Su compromiso y su implicación no pasaron desapercibidos para la organización, que quiso rendirle homenaje con la entrega de una placa como reconocimiento a su participación, que le fue entregada por Miguel Ruiz, jugador de la Peña San José Rocacero y principal artífice de esta iniciativa.

A sus 101 años, Pablo García representa de alguna manera el espíritu de una jornada en la que las generaciones se dieron la mano alrededor de una misma causa. Porque la solidaridad no entiende de edades y, cuando se comparte, también se convierte en una forma de acompañar a quienes afrontan la enfermedad y de apoyar la labor de quienes trabajan cada día para combatirla.

La Peña San José consiguió así que una jornada de bolos se transformara en algo mucho más grande: un gesto colectivo de apoyo, recuerdo y esperanza. 227 participantes, una causa común y una bolera que, pese a la lluvia, volvió a demostrar que también hay partidas que se ganan fuera del cutío.

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