Hay momentos que, por su singularidad, trascienden el instante en que suceden y quedan para siempre ligados a la memoria de un lugar, de una tradición y de quienes tuvieron el privilegio de vivirlos.
Uno de esos momentos fue, sin duda, la boda de Laureano Lloreda Cobo, directivo de la Peña Bolística Riotuerto Sobaos Los Pasiegos, y Trinidad Acebo Acebo. Una celebración que unió el cariño de dos personas con el profundo arraigo a una tierra y a una de sus tradiciones más queridas: los bolos.
La ceremonia civil, celebrada en un escenario tan nuestro como extraordinario, fue oficiada por Ana Isabel Ríos Barquín, concejala del Ayuntamiento de Liérganes. Junto a los novios estuvieron como testigos Cristina Carmen Ríos Barquín y José Antonio Abascal Aguirre, compartiendo con ellos la emoción y la solemnidad de un día llamado a permanecer en el recuerdo.
Pero si hubo algo que hizo de esta boda un acontecimiento verdaderamente singular fue el lugar elegido para darse el sí. La ceremonia se desarrolló sobre el cutío de La Encina, con los bolos pinados en la caja, como si la propia bolera hubiera querido rendir homenaje a los novios. Allí, entre madera, tierra, tradición y emoción, el retinglar imaginado de los bolos se convirtió en el mejor telón de fondo para comenzar una nueva vida juntos.


Porque pocas estampas pueden resultar tan hermosas como aquella en la que el amor y la tradición se encuentran. Laureano, profundamente vinculado al mundo bolístico, encontró en la propia esencia de los bolos el escenario para celebrar uno de los ‘lanzamientos’ más importantes de su vida: el que, junto a Trinidad, iniciaba un nuevo camino compartido.
Fue una jornada en la que la bolera dejó de ser solamente lugar de juego y competición para convertirse en espacio de encuentro, de sentimientos y de historia. Los bolos, cuidadosamente pinados en la caja, parecían guardar silencio ante una ceremonia distinta, mientras el cutío acogía una promesa que nada tenía de pasajera.
Después de la ceremonia, familiares y amigos continuaron la celebración en el Restaurante Carlos III de Ajo, donde la alegría, las conversaciones y los buenos deseos pusieron el broche a una jornada inolvidable.